"¡Quién sabe si todas estas cosas no son disparatadas! Pero mire usted, doctor: las cosas importantes dependen regularmente del hecho de tomarlas en serio." Robert Musil, El hombre sin atributos

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viernes, octubre 17, 2008

Para el post-apocalipsis.

Podemos seguir leyendo noticias malas, muy malas (y mal escritas, en muchos casos). La crisis ya dejó de ser financiera para ser económica. En este momento sólo hay dos preguntas relevantes:
  • por qué pasó todo esto.
  • cómo se evita que todo esto vuelva a pasar.
Por qué pasó, es algo que muchos ya ven bien claro. El problema es que disienten. No se va a caer el capitalismo, ni tampoco van a cobrar preeminencia otras potencias. Aún quien no sienta simpatía por los EEUU debería guardar un poco de aprensión antes de festejar que China o Rusia tomen un lugar prevalente. Pero muchos pueden coincidir en que los derivados son la principal causa de todo el desmadre (algunos personalizan y le tiran piedras al señor de las turbulencias). Mi humilde opinión es coincidente con lo que leí en un librito de John Eatwell y Lance Taylor, publicado hace ocho años, donde se preguntan si los mercados de derivados crearon nuevos riesgos, y especialmente sistémicos. Bueno, hoy tenemos una buena respuesta a esa pregunta.

Sobre la solución... Hay algunos que hablan de intervención del Estado. Tienen razón. El problema es acerca de la calidad de esa intervención, y qué medidas tienen concretamente en mente. Dudo que los más vociferantes sean los más prudentes. En este caso, como en todo tema regulatorio, la prudencia no es melindre ni tibieza: una mala regulación puede generar riesgos aun peores. Y una regulación ciegamente restrictiva puede, paradójicamente, crear aun más riesgo.

Aquí los abogados deberán cumplir un rol secundario pero no por ello menos importante: pasar a lenguaje y texto legal las nuevas medidas sin dejar flancos expuestos. Una mala regulación puede tener efectos económicos nocivos, pero también pueden generar responsabilidad del Estado. Pienso en la forma en que el Estado va a gestionar los bancos que se nacionalicen, o en los esquemas regulatorios que regirán a las entidades encargadas de administrar los monstruosos presupuestos de rescate. Los abogados de Paulson, por decir, van a tener un cliente muy rentable.

Pero, en todo caso, lo más importante es recordar una máxima que sale clarita del libro de Eatwell y Taylor: un regulador nunca debe permitir una operatoria que el propio regulador no entiende. Y meterse en la cabeza que el riesgo, por más que se diversifique, siempre sigue allí.

Links:

jueves, octubre 02, 2008

Pájaros negros.

Una sospecha que abrigo es que este colapso financiero que contemplamos como a un derrumbe en cámara lenta tiene como una de sus principales causas una confianza exagerada en las herramientas estadísticas de riesgo. No es que yo desconfío de ellas, simplemente creo que todavía no están suficientemente desarrolladas y que, en algún momento, simplifican algo de más. Y esa simplificación puede ser como ese punto ciego de nuestro punto de vista, que en este caso no nos dejó ver un camión que nos chocó de frente.
Nassim Nicholas Taleb apareció por primera vez en los medios argentinos en esta entrevista de La Nación, cuando ya se habían editado sus "Fooled by randomness" y "El cisne negro". Pero mejor aun que la entrevista es este extraordinario post de alguien cuya lectura, a pesar de que me comprendan las generales de la ley, no puedo menos que recomendar.

miércoles, octubre 01, 2008

Hank is begining to see the light...

Cuando Hank presentó su programa cash for trash fue bastante escueto. Les mandó a los representantes un documento de dos hojas donde, básicamente, se leía "denme el poder, denme la guita, y no me hagan más preguntas".

Las hojitas se expandieron en unas cuantas más, a través de mucha negociación y grandes banquetes de pork. Pero,
en una mortífera y final puñalada por la espalda a nuestro malquerido Jorge Caminador Arbusto, el plan se convirtió en un Kilimanjaro de papel mojado.

Hoy parece que tenemos altas probabilidades de tener al fin un proyecto que prospera (no lo digo yo,
lo dicen los del WSJ), pero el elegante aunque intragable exabrupto de Hank ahora pesa... 451 páginas! ¿alguien tiene el tiempo -y la paciencia- para leer todo eso?

Eso sí, grábense en las mientes: TARP. TARP. TARP. Va a estar en todas partes, desde los programas de maestrías en finanzas hasta en los diarios esos que te quieren enchufar en el subte.